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El príncipe

“No vale 94 millones de Euros”.

Hace unos meses un equipo muy pequeño de un país, que ni siquiera es un país, se clasifica para una de las competiciones estrella del mundo. No lo hace de casualidad ni acogiéndose al amplio de ratio como tantas otras, lo hace siendo una de las mejores selecciones, ganando a todos los rivales de su grupo entre los que se encontraba una Bélgica con futbolistas sensacionales que valen una pasta: De Bruyne (80 kilos), Hazard (70), Curtois (50), Yannick Carrasco (40 kilos)…

Este equipo pequeño tiene un par de futbolistas decentes, Ramsey que tiene la costumbre de marcar pocos goles y que cada vez que marca uno muere un famoso. (http://www.tycsports.com/listas/la-maldicion-de-ramsey-y-sus-10-victimas) y un tal Joe Allen, que juega poco en el Liverpool pero al menos entiende que la principal cualidad de la pelota es que es redonda y rueda bien por el césped.

Además, los aficionados de este equipo lo son básicamente porque les permite beber cerveza con los colegas ya que allí, el deporte rey, es el rugby donde los galeses son una potencia mundial. En fútbol sólo son chollos en el sorteo. O eran. Porque el príncipe de los cuentos, con zurda imperial y cuerpo de atleta de 400 metros lisos no quiso perseguir melones sino pelotas.

Y en estas el Príncipe se presenta en la Eurocopa y se pone a jugar. No lo hace de extremo derecho, ni de extremo izquierdo. No lo hace de lateral o de delantero. Lo hace de Di Stefano. Di Stefano es una posición donde se cumple la premisa: Balones al bueno. Y el bueno corre, asiste, juega, hace jugar y marca goles. Es tal la supremacía de este futbolista sobre el campo que los rivales creyeron poder pararle con marcajes dobles. En el partido contra Bélgica de cuartos de final no marcó, pero realizó una exhibición de fútbol que ya se la habíamos visto antes (recuerdan la undécima y lo que este señor hizo mientras las piernas le aguantaron). Ganaron 3 a 1… y entonces se cruzó con el rey. En semifinales de la Euro.

El rey es el rey. No pareció importarle mucho a nuestro príncipe, pero claro, frente a un equipo donde participa un tal Cristiano Ronaldo con más de 300 goles en 6 temporadas y que no te marque prácticamente es una quimera. Y si además el tal Ramsey no está a tu lado. Pues todo es más difícil. Y lo intentó hasta la asfixia pero no lo consiguió. Una pena.

El abrazo entre el rey y el príncipe fue el final de una aventura inverosimil, con un nivel de dificultad del tipo de llevar un anillo a un volcán o que Messi haga la declaración de la renta sin quedarse unos millones.

Gareth Frank Bale, príncipe de gales, señor de la décima y la undécima, madridista ejemplar.