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Pulsos

El mismo día que una niña de Boko Haram no aprieta el detonador de la bomba que lleva atada a la cintura para arrasar un campo de refugiados, la sede del PP en Génova es asaltada por la Guardia Civil en busca de unos discos duros, esta vez, intactos.

Su presidenta en la puerta clama una persecución a su partido mientras que en otro punto de la capital un par de chavales andaluces perciben que somos títeres de unas fuerzas invisibles que manejan el país utilizando falsas pruebas, como ETA, para incriminar a delincuentes. Los dos artistas salen de la cárcel libres de duda, no ellos, sino su percepción.

Mientras Carmena intenta que el globo no se explote, otro señor mucho más joven y decidido dice que en Marzo será presidente. No sé por qué turno va pero es posible que el del 4ºB se declare incompetente y sea él, el del 4ºC quien coja las riendas de la presidencia de su comunidad. Lo de presidir el gobierno no hay coleta a la que agarrarse y en Junio a votar. Los catalanes apenas han votado en los últimos años y seguro que les hace ilusión.

Tanta ilusión como el que se deja los ahorros comprando acciones del BBVA, Santander o Bankia, esos bancos que ahora ya no hablan de dinero, sino de personas. Que ponen comisiones sólo para que no son sus coleguitas con nóminatarjetavisaoro, vaya a ser que no cuadren las cuentas tras el reparto de dividendos y variables del consejo de administración.

Y si no hay suficiente resulta que detectamos unas vibraciones que han viajado 1.300.000.000 de años y que desvían un haz de láser en un 0,0001 parte de un átomo, o lo que es lo mismo: 1/100.000.000.000.000 metros para confirmar lo que ya nos dijo hace 100 años el señor ese tan famoso llamado Einstein. Si estuviera vivo le darían otro Nobel.

Esa onda gravitatoria nos llega tras el choque de dos agujeros negros que con toda probabilidad arrasaron una parte de la galaxia en su día. Algo terrible que no se puede comparar al hecho tan sobrecogedor como saber la razón por la cual la niña de Boko Haram no apretó el detonador. Sus padres estaban entre los refugiados y ella los vio. Y no sabemos si lloró, pero su destrozado corazón pulsó a tiempo mientras las ondas gravitacionales nos tocan a todos, invisibles, producto de la terrorífica naturaleza.

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